sábado, 26 de noviembre de 2011

Red Bull no quiere a Buemi



Pertenecer a la cúpula de Red Bull hoy en día es un privilegio. El piloto que entra ahí de verdad tiene calidad y la marca de las bebidas energéticas es capaz de darle las herramientas necesarias para llegar alto y triunfar. Muchos pilotos han pasado por las órdenes de Helmut Marko como Mirko Bortolotti, Brendon Hartley o Robert Wickens. Ellos ya no están. Dejaron paso a los actuales integrantes del programa de pilotos de Red Bull, entre los que se encuentran Daniel Ricciardo, Carlos Sainz Jr., Jean Eric Vergne... El objetivo es forjar a un Campeón como Sebastian Vettel, pero otros factores también cuentan, como el económico.

Quien entra en la F1 con un equipo ha de saber que a esta competición no se viene a ganar dinero del deporte, sino a todo lo contrario: a vacilar de tener una escudería o a publicitar un producto y ganar dinero a partir de él entre otras razones. Dietrich Mateschitz, dueño de Red Bull, ha sido conocido siempre como un as en el tema del marketing y publicidad, un fuerte punto necesario para expandir su marca de la mejor forma posible y, para ello, necesita una buena imagen como la que ya tiene con Vettel, dos veces campeon del mundo gracias a la fuerte escuadra que se ha formado.

Al lado de Vettel está Webber, un piloto que cada año se desinfla un poco más y que tiene fecha de caducidad a finales de 2012. Para sustituirle, Red Bull tiene un equipo B en el que forja a sus talentos anteriormente nombrados. Alguersuari y Buemi luchan por dar ese próximo paso: dan el máximo cada carrera porque saben que su futuro puede estar ahí y el camino al triunfo también.

El piloto catalan parece tener el 2012 atado a Toro Rosso, pero Buemi no tanto ... ¿Por qué? en cuanto a resultados, el suizo ha estado por debajo, pero no tanto. Ricciardo y Vergne vienen fuerte y, según yo puedo entender, tienen más posibilidad. Me explico. Mateschitz gana dinero a través de Red Bull, para él la publicidad es algo primordial (patrocina numerosos equipos y eventos por todo el planeta) y la imagen de los pilotos es la puerta al beneficio económico. Como ya hemos, visto la cara de Vettel se ha usado en las latas de Red Bull y en cuanto a mechardising es todo un éxito con numerosos productos. ¿Os imagináis a la gente comprando cosas con la cara de Buemi estampada? Ya vemos que no pasa con Webber, ni si quiera se molestan en venderlos. La marca de las bebidas energéticas necesita esto y con Alguersuari, Ricciardo o Vergne estaría asegurado, al menos más que con Buemi. Y no solo la imagen, también la forma de atraer a los medios de comunicación. Alguersuari es más mediático y da más páginas en periódicos, portales, etc ... que el bueno de Sebastien.

Que Red Bull no quiere a Buemi creo que es sabido por muchos desde hace tiempo Aún así, no descarto su continuidad en Toro Rosso, siempre en el equipo B. Ricciardo podría ir a Caterham y Vergne pasar media temporada de tercer piloto del equipo de Faenza, una estrategia que ya usaron cuando se fueron Vergne o Bourdais hace años.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Vencer a la derrota



Se acercaba a las nubes, volando, sin dejar el asfalto, no tenía rival, ni tampoco miedo. Eso le hacía especial. Le hacía único. A veces pareció un ángel subido a un monoplaza, con su inigualable casco amarillo y verde unido a la velocidad inherente a él. La carrera de Ayrton Senna no fue fácil, una racha difícil, el final de la temporada 1989.

Corría el Gran Premio de Japón. El título se decidía, en principio porque faltaba una carrera, allí: Si Senna no acababa, Prost sería campeón. Ayrton consiguió la pole en territorio nipón, pero se vio retrasado en la salida, brindando a un espectacular Prost el liderato de la carrera. Sí, espectacular, porque su ritmo era increíble. Senna aún creía en la consecución del título y de la victoria en la carrera. No existía otra opción. Luchaban entre ellos: Senna, tras la parada en boxes de ambos Mclaren, volaba y se acercaba a Prost e, inevitablemente, en la vuelta cuarenta y seis se encontraban y chocaban. Prost abandonaba, tiraba la toalla bajando del monoplaza. Chocó con Ayrton: ¿Misión cumplida para el francés?. No fue el caso de Senna, que no abandonó, su Mclaren tenía dañado el alerón delantero, el cual cambió justo después de cruzar por la escapatoria de la chicane posterior a donde ocurrió el incidente.

El brasileño cambió su alerón dañado y volvió a la pista. Tenía un título que ganar. El bicampeonato estaba cerca. Adelantó a Nanini y se hizo con aquella corta victoria y con aquella posibilidad de luchar por el título en Adelaida que le quitarían de las manos dos horas después.

La ceremonia del podio se retrasaba. Y es que Prost, tras bajar del monoplaza, fue directo a hablar con los comisarios y con su gran amigo Jean Marie Balestre. Cada minuto que pasaba alejaba a Senna de la lucha por segundo campeonato consecutivo y así fue. Fue llamado a declarar y, tras la incertidumbre llegó el desenlace por fin: "La decisión tomada por los comisarios del Gran Premio de Japón es excluir al coche número 1 y a su piloto, Ayrton Senna, del resultado final de la prueba".

Según interpretaron los comisarios, el piloto brasileño, al no pasar por la chicane e ir por la vía de escape, infringía el artículo 56 del reglamento deportivo. La política había ganado al deporte, la amistad entre Balestre y Prost también. "Nunca se sabe cómo será interpretado el reglamento", decía el Campeón de 1989. Esta vez fue a su favor.

Ahora llegaba la última carrera, Australia, y había que competir aunque Senna no tuviera fuerzas. Antes, se reunía el Tribunal de Apelación en el que se decidió que: "Se confirma la decisión de los comisarios de Japón (descalificacion de Senna) y se sanciona al piloto con una multa de cien mil dólares además de una suspensión de la licencia de 6 meses si se comete alguna falta".

Ayrton era fuerte, considerado el mejor piloto en aquel momento, por delante de Prost. Balestre no lo aceptaba y, según L'Equipe, llegó a llamar al piloto francés para decirle: "Alain, calla la boca en Australia a todos aquellos que dicen que no eres el mejor". Mientras tanto, Ayrton se lamentaba de lo sucedido. "He sido penalizado y culpado por todo. He sido tratado como un críminal, como si fuera el único responsable y esto es totalmente inaceptable". No quiso ir a Adelaida, pero finalmente allí estuvo.

La última carrera de la temporada no dio más al campeonato. Condiciones complicadas y solo ocho coches cruzando la meta, los Mclaren, por ejemplo, no lo hicieron. 1989 ya se había acabado y con él todas las polémicas ... o no.

Senna se fue a Brasil a descansar, pensar y decidir lo que haría en un futuro. "Una de las opciones es no volver. Se lo he dicho a Mclaren y ellos están de acuerdo", dijo el brasileño, que había perdido la motivación viendo como el mando de la F1 iba en su contra. Poco después y tras duros días, Ayrton volvió a subir a un F1 para probar unas nuevas suspensiones para 1990. Volvió a descubrir que no podría vivir sin competir. Pero su presencia en la próxima temporada no estaba asegurada, la FISA aun seguiría intentando impedirlo.

En Francia, en diciembre, Senna se reunió con Balestre en su despacho, donde el francés invitaría a Ayrton como su "invitado especial" a ir a la gala anual de la FIA, en la que Prost recibiría el trofeo como Campeón. La invitación acabó en la papelera y Balestre totalmente indignado por las formas del piloto brasileño. Según Balestre, su misión era reunir a Ayrton y a Prost para que se reconciliaran. Eso no entraba en la cabeza de Senna.

Todo llegó a un punto en el que se obligaba a Senna a pedir disculpas ya que si no lo hacía y pagaba la multa por lo sucedido en Japón, no seria admitido en la lista de pilotos oficiales. Ayrton no lo hizo y Balestre siguió erre que erre: el brasileño no apareció en la lista de pilotos para 1990 ya que, para presionar a la FISA, Mclaren inscribió a Palmer en vez de a Ayrton. No cedieron.

Ya no quedaba otra, había que hacer algo. Philip Morris presionaba a Mclaren y Senna escribió una carta en la que pedía perdón a Balestre. El francés se la tomó a su forma y la la FIA la publicó, alterada, y sin la firma del piloto. Todo una vergüenza. Finalmente se inscribió a Ayrton en la lista de pilotos para 1990. Y menos mal, porque allí comenzó la victoria ante la injusticia, ante la derrota.

Ese piloto que incluso llegó a hacer llorar a algún periodista, continuaría en la F1. Para recordar, aquella rueda de prensa en Australia. Imperdible: "¿Por qué motivo continúo haciendo esto si sé que no están tratándome de forma leal? A pesar de todo, las carreras, la competición, las llevo en la sangre. Son parte de mi vida, de mí, durante toda mi vida. Son más importantes que cualquier otra cosa. De hecho, yo sé, en lo más profundo de mí, que la situación vivida en estos últimos días sólo me motiva e incita a luchar contra ella y a demostrar que lo que estoy haciendo tiene algún valor. Me motiva luchar hasta el final. Creo que podemos devolver la justicia a nuestro deporte y recuperar la dignidad perdida”.

Pudo marchar a la IndyCar, de la que tuvo diferentes ofertas. Pudo abandonar la lucha, pero su pasión era mayor. "Soy más fuerte que otras personas", dijo en alguna ocasión. Se levantó de aquel fuerte revés y vinieron sus mejores carreras: Brasil 1991 o Donington 1993 y dos títulos más en 1990 y 1991. Ayrton era único y no aceptaba la derrota, porque amaba la victoria. Y eso no solo pasa en la pista, también en otras situaciones de la vida. Caer, siempre caemos, pero levantarnos ... no siempre, solo cuando tratamos y conseguimos vencer a la derrota.