jueves, 27 de octubre de 2011

Cuando la promesa se apaga



Llegar a la Fórmula 1 como una futura promesa, a veces, no es demasiado bueno ya que las exigencias son siempre mucho mayores. Adrian Sutil llegó así, como un piloto con talento y con una gran habilidad en agua que posteriormente empezó a demostrar. Con el paso de los años, aquella futura promesa se ha ido apagando y ahora se queda a la sombra de su nuevo compañero de equipo: Paul di Resta.

En sus inicios con Spyker demostró saber lo que es pelear con un coche de la parte baja de la parrilla y, ojo, no lo hizo nada mal. Llegó a puntuar en el loco Gran Premio de Japón de 2007 y fue capaz de rodar en la cuarta posición en las calles de Mónaco antes de la embestida de Kimi Raikkonen.

2009 da a Sutil la oportunidad de continuar mostrando su talento en la pista con un coche algo más competitivo. Por diferentes motivos, el alemán no consigue llegar a los puntos hasta aquel atípico GP de Monza en el que acaba cuarto. En 2010, el cambio de puntuación da al de Force India la oportunidad de puntuar regularmente y, además, tiene una buena parte del campeonato hasta su declive y su decepción en carreras como la de Corea.

Esta temporada comenzó con la polémica en una discoteca China en la que Sutil agrede a un integrante de Lotus Renault. Entre juicios y polémicas, el asiento del alemán peligra y, para más inri, solo puntúa en las 3 de las primeras nueve carreras, siendo más irregular que su nuevo compañero de equipo, Paul di Resta. Las miradas se centran en las grandes actuaciones del Campeón del DTM de 2010 y Sutil tan solo es capaz de brillar en algunas ocasiones puntuales. En la parte final del año en la que ahora estamos, Di Resta vuelve a sacar los colores al que fuese campeón de la F3 japonesa.

¿Qué pasará en 2012? Según se comenta ya, Nico Hulkenberg ocupará el sitio de la promesa que ya se apagó y acompañará a Di Resta en una apuesta por el futuro de Mercedes. Sutil podría emprender una búsqueda de otras aventuras fuera de la F1 e, incluso, no seria una locura pensar que el piloto alemán volviese a trabajar con Colin Kolles, ahora en HRT, en sustitución de Tonio Liuzzi. Y es que hay que recordar que Sutil trae dinero consigo. Y en el equipo español no lo van a rechazar ...

lunes, 17 de octubre de 2011

Eterno Campeón




Ni cuando cambiabas la dirección de tu vida a otro lugar, pudiste dejar de sentir la velocidad.
Allá donde estés, siempre, pisa a fondo y no sueltes lo que más amaste: el volante.
Nosotros te tendremos en nuestra memoria como lo que nunca dejarás de ser.

Eterno Campeón.

D.E.P Dan Wheldon.

sábado, 15 de octubre de 2011

David Purley, cuando el corazón se convierte en el motor




A veces, se dice que en la Fórmula 1 no hay amigos, que los pilotos están hechos de otra pasta y que solo han de pensar en correr y ganar. Cuando vemos un accidente de uno de esos héroes que se juegan el tipo en las pistas, se nos hace un nudo en la garganta, pero sorprende como sus demás rivales, y compañeros, continúan en pista como si nada hubiera ocurrido, aunque muestran su lado más humano preocupándose por el accidentado. En los 90, cuando la seguridad no era la mejor, vimos un gran ejemplo por parte de Ayrton Senna en el Gran Premio de Spa de 1992, cuando el brasileño salvó la vida a Eric Comas tras un grave accidente. Dos décadas antes, concretamente en 1973, David Purley levantó su pie del acelerador para dar combustible a la vida de Roger Williamson.

Tras pasar por el ejército, el británico David Purley, con el fuerte apoyo económico de su familia, entró a formar parte de la parrilla de la Fórmula 1 en el Gran Premio de Mónaco de 1973. Participaría en la histórica carrera con un March 731 de su propio equipo privado (LEC). Su primer GP no fue del todo bien, ya que debió abandonar por un problema mecánico. La próxima cita del calendario sería el Gran Premio de Holanda, en el que participaría un gran amigo de Purley, Roger Williamson, que tampoco había tenido demasiada suerte en su única y anterior participación al abandonar en el GP de Gran Bretaña por una colisión con otro piloto. Sus caminos se cruzarían en aquel circuito de Zandvoort por primera y última vez ...

Williamson partiría desde la decimoctava posición en la carrera, mientras que Purley lo haría tres posiciones más atrás. El avance de Williamson era impresionante, ya que iba remontando (desde la última posición, ya que su coche no arrancó bien) y se acercaba a las diez primeras posiciones. El avance del británico frenó en la vuelta ocho cuando uno de los neumáticos de su monoplaza se pinchó y, por ende, el coche salió catapultado contra las defensas, chocó, atravesó la pista y volteó. Para más inri, el March se incendió y el piloto quedó totalmente atrapado.

Purley, que aún se mantenía en pista, llegó al lugar del accidente y protagonizó una bella hazaña. La vida de su buen amigo corría peligro y el ex-paracaidista paró su monoplaza y se acercó, corriendo, al lugar donde las llamas devoraban aquel coche. Williamson gritaba pidiendo ayuda a Purley: "Por Dios Santo David, sácame de aquí". El piloto de LEC lo intentó y que activó el extintor interno del coche e intentó dar la vuelta al amasijo de hierros en el que se convertía aquel bólido.

Ahora era el turno de las autoridades del circuito. Los comisarios, mal equipados y vergonzosamente entrenados, no podían acercarse a las llamas, ya que no llevaban ropa ignifuga. Mientras dichos trabajadores miraban, Purley cogió un extintor e intentó apagar el fuego. Esfuerzo insuficiente, ya que, además, había que dar la vuelta al coche y una persona sola no podía hacerlo. A la espera del camión de bomberos, los aficionados intentaron saltar a la pista para ayudar, pero los responsables del circuito lo evitaron defendiéndose con perros.

El tiempo se consumió y, cuando llegaron los bomberos, Williamson ya había fallecido asfixiado. El cuerpo del piloto fue cubierto con un manto blanco y, Purley, impotente, se retiró cabizbajo, llorando, viendo como su compañero y amigo, pretendido por Ferrari, se marchó de una triste forma que podría haber sido evitada.

"No pude voltear el coche. Simplemente no pude. Pude ver que él estaba vivo y le oía gritar, pero no pude voltear el coche. Traté que la gente me ayudara y si hubiera podido voltear el monoplaza él estaría bien, pudimos haberlo sacado", dijo, nervioso, entre lágrimas David, que posteriormente, tras varias participaciones en algunas carreras, también murió en 1985 al sufrir un accidente aéreo.

Aquel 29 de julio de 1973, la mala gestión de una carrera se llevó a un piloto, pero otro, David Purley, demostró cuando el motor que guía nuestra es el corazón ...