viernes, 24 de junio de 2011

Peter Collins, el caballero de Ferrari



La mentalidad de los pilotos es siempre algo a destacar entre ellos. Esto les hace ser más competitivos a veces, otras más conservadores o más agresivos. Hay pilotos que nada más ponerse el mono, se transforman, otros, siguen comportándose como auténticos caballeros tanto dentro como fuera de la pista, con casco o sin él.

Un ejemplo de esa caballerosidad es la hazaña que realizó Peter Collins en el transcurso del Gran Premio de Italia de 1956, donde tres pilotos se jugaban el título: Stirling Moss, Peter Collins y el que finalmente se alzó con la corona, Juan Manuel Fangio. El Mundial se decidiría en aquella cita.

El argentino Fangio salía desde la pole, pero no le serviría demasiado, ya que pronto, Moss pasaría a la cabeza de carrera; Fangio le seguiría de cerca en la segunda posición y el otro candidato a la corona, Peter Collins, era cuarto.

Todo parecía estar bajo control para Fangio, ya que, a pesar de la victoria de Moss, el Mundial estaba en sus manos, pero en la vuelta veinte, el Ferrari del argentino tendría unos problemas en su dirección que le obligarían a abandonar. La Scuderia intentó detener a Luigi Musso para cederle el coche a El Maestro (algo normal en la época), pero éste se negó, ya que estaba haciendo una buena carrera. Las otras opciones eran detener a Alfonso de Portago, pero era una tontería, ya que estaba muy atrás o detener a Collins, aunque no se le pidió, ya que luchaba por el Campeonato y de acabar segundo, (como iba) hubiera sido Campeón.

En el momento en el que Collins paró a cambiar sus neumáticos, ocurrió un hecho insólito en la historia de la Fórmula 1. El británico cedió su monoplaza a Fangio y pronunció lo siguiente: "Siga usted, Maestro. Yo soy joven y tendré tiempo de pelear por otros Campeonatos". Después, ambos pilotos se fundieron en un abrazo y el argentino volvió a pista tercero por detrás de Musso y Moss.

Musso tuvo que abandonar pocas vueltas después y Moss tenía problemas de combustible, pero gracias a Piotti, consiguió llegar a repostar y volvió a pista en la misma primera posición por delante de Fangio.

La carrera finalizaría con Stirling Moss primero, Fangio segundo y Flockhart tercero. El Mundial de aquel año también acabaría en aquella carrera con Juan Manuel Fangio consiguiendo su cuarto título Mundial (30 ptos), Stirling Moss terminó segundo (27 ptos) y Collins tercero (25 ptos).

Sin la caballerosidad de Collins, aquel Campeonato hubiera sido del mismo que prestó su monoplaza a El Maestro. Aquel día, un piloto que auguraba grandes carreras y posibles campeonatos, pasó a la historia por ayudar a su compañero de equipo.

En 1958, cuando aún tenía opciones para disputar el Mundial con su compañero de equipo (Mike Hawthon), dijo adiós en el peligroso Nordscheife. Collins se fue sin ningún título, pero como un gran piloto y, eternamente, como mejor persona.

sábado, 11 de junio de 2011

Massimo, el chico que soñó durante años con Ayrton Senna



La historia de Massimo es la de un chico que sufrió un desafortunado accidente de tráfico con dieciocho años. Este hecho provocó que el italiano se sumergiera en un profundo coma durante varios años.

Max -así era como se le llamaba cariñosamente- era un gran seguidor de la Fórmula Uno, así como del brasileño Ayrton Senna que entró en su largo sueño cuando Senna buscaba conseguir su segundo Campeonato Mundial.

Pasaron dos años, y el aficionado italiano no salía del coma, tras varias recomendaciones de especialistas, la familia recurrió a algunos periodistas y personas cercanas al paddock de Fórmula Uno para que Senna grabase un mensaje de voz en una cinta y hacérselo oír desde la cama cada mañana. El piloto brasileño aceptó con la condición de que aquella hazaña no se hiciera pública.

"Hola Massimo, soy Ayrton Senna, el piloto de Formula 1. Trata de escucharme, si puedes, debes reaccionar, levantarte, debes ser fuerte porque aquí todos te quieren y te esperan en Imola para la prueba [refiriéndose a la carrera]. Esperamos que te cures pronto, te mando un saludo, " decía la grabación.

Sólo tuvo que pasar un mes usando este método para que Massimo saliese del coma en el que llevaba mas de quinientos días sumergido. Quizás fuese coincidencia o quizás la fuerza o energía que proporcionó la voz de su ídolo la que provocase la reacción de su cerebro, pero el chico recobró su vida.

Los daños en algunas partes de su cerebro persistían, ya que el chico no podía moverse ni hablar, pero recuperó la conciencia y dejó atrás su estado vegetal. Como era normal, Massimo seguía viendo en televisión cada carrera de la temporada, esperando a que llegase Imola, ya que sería cuando Senna volviese a visitarle. En una de sus visitas, dicen que el piloto brasileño le dijo entre miradas y emociones de ambos que "también yo a veces tengo miedo, pero es mas fuerte el deseo de correr''.

Incluso en un entreno privado en Santermo, Ayrton volvió allí para saludarle. Sería la última vez ya que llegó el Gran Premio de San Marino y Massimo esperaba la visita del astro después de la carrera. El domingo, la ilusión y felicidad del joven era evidente al ver de nuevo la F1 en el hospital algo más cerca de él que nunca.

Buscaría Senna la primera victoria de 1994, Massimo sería testigo de ello, y en silencio, sólo expresándose con sus ojos, vio como aquel Williams FW16 se estrellaba contra Tamburello. El brasileño chocó contra el muro, inclinó su cabeza insconsciente hacia adelante y el helicóptero se lo llevaría para no volver nunca más con vida a un circuito. Sin poder expresar ni una sola palabra, ni un solo movimiento, Max rompería a llorar.

Massimo poco a poco siguió recuperándose hasta poder volver a recuperar movilidad y el habla. Su ídolo no volvió, pero en su corazón y en su grabadora, seguirá intacta la magia de su voz. La magia de Ayrton Senna, que sólo podrá volver a sentir, de nuevo, en sueños.






(Video por cortesía de @Vanessasenn)

jueves, 9 de junio de 2011

1984, el año en el que Málaga soñó con la Fórmula Uno





Además del Valencia Street Circuit, años atrás, España quiso tener su particular gran premio callejero improvisado. Las calles de la localidad malagueña de Fuengirola serían las elegidas. El proyecto incluso llegó a ser aceptado por la F.I.S.A y la F.O.C.A.

El Gran Premio de España dejó de celebrarse tras la victoria de Gilles Villeneuve en el circuito del Jarama en 1981. Dos años después, la ilusión llamó a la puerta de Fuengirola y el municipio malagueño comenzó sus trámites para albergar primero una carrera de Formula 2, luego una de turismos y como colofón a la idea, una prueba puntuable de Fórmula Uno en la temporada 1984.

La idea continuaba viento en popa y a mediados de enero del 83, Bernie Ecclestone junto a Sandro Rocci (el que era por aquel entonces el presidente de la Federación Española del Automovilismo) y varios promotores del proyecto, presentaron la idea en el circuito de la Costa del Sol. Además de dar una rueda de prensa, varios monoplazas Formula 1800 y F3 rodaron por las calles fuengiroleñas. El trazado tendría una extensión de cuatro kilómetros y quince metros de anchura.

Posteriormente, el proyecto se presentaría a Jean Marie Balestre (presidente de la FISA hasta 1991) y se acordó que tendría una prueba de Formula 2 en junio de 1984 que serviría de test para la posible inclusión en el calendario de F1 en el que Fuengirola entró como suplente pero en el que después fue titular tras la caída de New York del mismo. Todo iba a las mil maravillas hasta que se encontraron con un problema: el dinero.


La posible fecha elegida para la celebración de la carrera en tierras andaluzas era, primero el 7 de octubre, y luego se cambio al final del calendario: 21 de octubre. Prometía ser puro espectáculo, pero los organizadores, el alcalde de la localidad, la F.I.S.A y el propio Bernie Ecclestone (dueño de los derechos televisivos y presidente de la F.O.C.A en aquel entonces) se pasaron de ilusiones y se dieron contra una pared al quedarse sin financiación; se buscó ayuda en el Consejo Superior del Deporte, en la F.E.A, en la Junta de Andalucía e incluso algunas empresas promotoras del evento, pero toda ayuda era poca frente a los casi 200 millones de pesetas que costaría la celebración del Gran Premio. Sumando las 'no ayudas' a la mala situación económica por la que pasaba España en aquel entonces y al poco turismo que habría en octubre, auguraba un proyecto fallido.

Meses después, en unas vacaciones de Ecclestone en Marbella, el británico fue preguntado por la situación del circuito de Fuengirola, a lo que éste respondió que "no me interesa" y contó que el contrato firmado con la Grand Prix Association para la celebración de la carrera, no tenía ningún valor ya que "se trata de un 'contrato-protocolo' como el que se firma entre la F.O.C.A y los organizadores del GP con funciones limitadas a ambas partes".

Aquel mundial se lo acabó llevando el 21 de octubre Niki Lauda superando por medio punto a Alain Prost. Testigo de ello -y del podio de Ayrton Senna con Toleman- fue el publico que acudió al Autódromo do Estoril. Fuengirola estuvo apunto de serlo aunque sólo fue eso, un sueño.